Blog del Foro Económico Mundial de Davos.
(Lesley-Anne Knight.)
Mientras
estoy saliendo de Davos, ya están retirando el panel blanco que
oculta la doble alambrada de espino de seguridad que rodea el Centro
de Congresos. En pocas horas, habrán sido desmantelados el detector
de metales y las máquinas de rayos-x, luego todo será
empaquetado para ser retirado. El Ejército suizo se habrá
ido, desaparecerán los controles de carretera y los ciudadanos
de Davos podrán recuperar las calles de su ciudad. No quedará
ni rastro del Foro Económico Mundial pero, durante mi largo viaje
de regreso al aeropuerto de Zurich, tengo tiempo de reflexionar sobre
las repercusiones de la reunión de Davos 2009, en el mundo y
en mí misma.
En lo positivo, tengo la impresión que este año hubo un
mayor énfasis en los valores, la ética, la moral y la
justicia social. Estos aspectos, e incluso la religión, se están
abriendo paso en los debates principales sobre la empresa y la economía.
Mi propia contribución este año, en el panel de expertos,
fue sobre Valores, visión y liderazgo. Yo creía que el
tema no iba a resultar interesante para una amplia audiencia, sobre
todo porque era en la última sesión de la jornada, un
momento que la mayoría de la gente aprovecha para volver al hotel,
ponerse un traje de fiesta o smoking, y participar en las celebraciones
de la noche. Por eso, me sorprendió comprobar que la sala estaba
llena, no sólo de representantes de la sociedad civil, sino también
empresarios, banqueros y políticos. Es evidente que muchos de
ellos estaban allí para escuchar a mis compañeros de panel:
Sir Martin Sorrell, Director General de una de las mayores empresas
del mundo en comunicaciones, RP y publicidad; Brian Gallagher, Director
General de la organización humanitaria estadounidense United
Way, y Kevin Kelly, Director General de una empresa líder en
la contratación de ejecutivos. La sesión fue moderada
por el Profesor Hirotaka Takeuchi, de la Universidad de Hitotsubashi,
Japón, que se presentó él mismo como “uno
de los pocos católicos japoneses que ustedes podrán conocer”.
La mayor parte del debate se concentró en la ética y la
empresa, la responsabilidad social de la empresa, y cómo establecer
una cultura guiada por los valores, en el ámbito de una organización.
Sin embargo, yo pude aportar una perspectiva confesional al debate,
hablando de los valores de Caritas, basados en la Doctrina Social católica,
el concepto de liderazgo como servicio; nuestra obligación de
emplear nuestros talentos por el bien común; ayudando a los necesitados,
sin tener en cuenta su raza, religión, ni política; y
nuestra visión de un mundo basado en el amor y la justicia.
Aunque algunas señales en Davos este año indicaban que
los líderes del mundo no estaban únicamente preocupados
por la crisis financiera mundial, yo llegué a la conclusión
de que nuestras organizaciones Caritas desempeñarán un
rol esencial el año que viene, en mantener en la agenda mundial
asuntos fundamentales como la pobreza y el cambio climático.
Sobre el cambio climático, hemos de seguir ejerciendo presiones
ante los gobiernos y los políticos, en los preparativos para
la conferencia de Copenhague, con el fin de asegurarnos de que se consiga
un tratado exhaustivo y obligatorio, como sucesor del Protocolo de Kyoto.
Y en lo que se refiere a la pobreza, hemos de luchar con firmeza para
conseguir que las poblaciones más pobres del mundo, que son los
sufren más en tiempos de crisis, no sean olvidadas. El presupuesto
humanitario del mundo se estima en unos 12 mil millones de USD, que
es una gota en el océano, en comparación con los importes
que los gobiernos han destinado en sus medidas de rescate, para las
finanzas nacionales.
Es necesario animar a los gobiernos para que no consideren esta crisis
como una excusa para retrasar sus responsabilidades en estos asuntos,
sino como una oportunidad. Las medias para estimular las finanzas pueden
y deben tener como objetivo la tecnología verde y proyectos de
desarrollo que respeten el medio ambiente, en los países más
pobres.
Quizás el rol más destacado que desempeñó
la religión en la conferencia de este año fue el Llamamiento
a la paz en Medio Oriente, lanzado por la Comunidad de Líderes
Religiosos. La declaración conjunta de los líderes cristiano,
judío y musulmán, presentes destacaba el rol positivo
que puede desempeñar la religión en la búsqueda
de la paz en Oriente Medio.
La conferencia se concluyó con una sesión especial de
clausura, con el título “Creer en la dignidad de todos”,
con un conmovedor discurso del Arzobispo Desmond Tutu, que nos recordaba
que habitamos en “una delicada red de interdependencia y complementariedad”.
“Éste es un universo moral. No hay manera de que la injusticia
y la opresión, al final, se salgan con las suyas. Por eso, si
se lanzan cohetes contra la población civil, habrá que
rendir cuentas de eso y, cuando se mata a un niño o civiles inocentes,
hay que responder a Dios, que nos dice: ‘yo te he creado para
que formes una familia y estéis juntos. Yo os he creado como
hermanos y hermanas’. Y el Señor nos preguntará:
¿Dónde está tu hermano?’”, dijo Tutu.
Él concluyó con una nota de esperanza, diciendo que incluso,
en medio de terribles sufrimientos, la dignidad humana y la esperanza
sobrevivirán. En una visita que él hizo al Darfur, el
año pasado, “unos de los lugares más horribles de
la Tierra de Dios”, él notó la resistencia de la
gente y la dedicación de los cooperantes que allí trabajaban.
“Ellos viven el sueño de Dios. Y el sueño de Dios
es que sus hijos sepan que pertenecen a una única familia”,
concluyó.
PS – DAVOS.
Una última cosa que me llevo de Davos este año es una
pequeña caja de bombones. Es mi recompensa por renunciar a desplazarme
en los autobuses que utilizaban los participantes en la ciudad, en lugar
de caminar por las calles heladas, hasta y desde el Centro de Congresos,
todos los días. A cada participante le dieron un podómetro,
el primer día del Foro, para que contara los pasos que daba durante
toda la semana, con el fin de reducir la congestión del tráfico
y el carbono que dejaría la celebración del foro. Les
anuncio, con gran satisfacción, que yo registré 32.000
pasos y por eso me premiaron con la caja de bombones y quizás
podría haberme clasificado para el premio especial, en largas
distancias. Hasta pronto…
Con cordiales saludos,
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